Sintiendo la energía de la emoción

Cuando sufrimos, dentro de nosotros se despliegan dos contenidos: un contenido mental y un contenido emocional. Ambos creemos que están separados porque la experiencia de la emoción nos nubla y no somos conscientes de la historia que nos estamos contando en nuestra mente y que mantiene el sufrimiento.

Cuando estamos sintiendo una emoción tendemos a maquillarla sin profundizar en ella, normalmente porque enseguida nos juzgamos por lo que sentimos.

Cada día podemos permitirnos sentir lo que sentimos, sin más. Pararnos a descubrir lo que hay: sensaciones, emociones o sentimientos, sin intentar rechazarlo o “ponerle solución”. Tenemos la manía “poco saludable” de intentar resolver nuestras emociones…como si la mente supiera cómo hacerlo…y no, no lo sabe. Una emoción, sentimiento os sensación es para ser sentida, no pensada o explicada. Recuérdalo siempre: “No hay nada que resolver”. Sólo siente la energía de la emoción.

Normalmente las sensaciones de nuestras emociones o sentimientos las solemos localizar en la garganta, el pecho, la boca del estómago o el vientre. Presta atención a las sensaciones que ahí se dan, e incluso puedes observar qué partes de tu cuerpo se encuentran en tensión.

Escucha también la “voz” de tu sufrimiento, y esto sólo lo puedes hacer si te quedas ahí parado, descubriendo, no saliéndote de la sensación y metiéndote en la mente a explicar qué pasa, por qué…y la rumiación que te lleva a añadir más sufrimiento mental. Profundiza y húndete en la sensación. Deja que hable.

La única manera de trascender el sufrimiento es vivirlo en su totalidad.

Una técnica que yo solía utilizar cuando decidí sentir todo tal y como se daba, era la de escribir lo que venía a mi cabeza en los momentos de dolor, en los que sentía intensa la emoción. Era una manera de no dejar todo ahí en mi cabeza y dejar que la emoción hablara. También me hizo ser consciente de la historia que me contaba a mayores, haciendo crecer el sufrimiento en un circulo vicioso de emoción-pensamiento-emoción-pensamiento. De esta manera al verlo delante de mi por escrito, la historia se relajaba y podía despejar las nubes que me evitaban de sentir la emoción tal y como se daba. Veía la historia que el sufrimiento se contaba y cómo, mediante esa historia, el sufrimiento se mantenía.

Sentir la energía de la emoción es revelador, pues cada vez observas más y más que sólo son sensaciones, nada más.

Estás vivo y sientes. Das las gracias por poder sentir de esa manera tan profunda y también por todo lo que descubres de ti, de tu origen.
No nos damos cuenta de la importancia de sentir. Para mi sentir es vivir, es experimentar la vida, dejar que la vida se manifieste a través de mi.

Tendemos a rechazar lo que sentimos, y cuando hacemos esto nos estamos evitando a nosotros mismos. Eso, desde luego, no es un acto de amor hacia nosotros, sino un acto de irresponsabilidad y abandono hacia nosotros.

Comienza a practicar tu sentir. Descubre la energía de tus emociones. Y luego ya, me cuentas…

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