La preocupación genera tensión interna que disminuye nuestra autoestima

Si realmente te importa aquello que te preocupa, ponle confianza.

En el artículo de hoy quiero compartirte un trocito de la clase online de mindfulness y desarrollo transpersonal de este último viernes.

Vivimos la mayor parte del día con alguna preocupación. Lo hemos convertido en algo natural sin saber que dentro de nosotros está teniendo un efecto destructivo, más allá del estrés que de por sí nos causa estar preocupados.

Hemos aprendido demasiado pronto que cuando algo o alguien nos importa debemos de preocuparnos. Si no nos preocupamos es que no nos importa lo suficiente.  Dentro ese esquema mental de perfeccionismo, que la mayoría de personas compartimos, existe la necesidad de controlar: controlar situaciones, personas e incluso a nosotros mismos. Creemos que cuanto más nos preocupemos, más controlaremos.

Nos asusta perder el control, que las cosas no sean como nuestras expectativas dictan, expectativas que vienen de una única fuente: nuestro pasado. Todo debe ser predecible para nosotros y tememos lo impredecible, por eso reprimimos lo espontáneo que sólo puede ocurrir en un momento dado: en el instante presente.

De esta manera la preocupación es en realidad un estrategia, muy insana por cierto, para intentar controlar, para no dar espacio a lo impredecible y terminar anulando lo más sano, natural e inocente que hay en nosotros y en la vida, la espontaneidad.

La autoestima va muy ligada a lo espontáneo. La espontaneidad es la gracia de la creatividad, la energía de la autenticidad y la esencia, es dejarnos ser y amarnos, permitir salir al niño o la niña que llevamos dentro y que habita en nosotros desde antes de experimentar cualquier herida.

Al preocuparnos abandonamos de nuevo a ese pequeño, nos separamos de nuestra esencia, de nuestro corazón y nos privamos del amor propio que tanto añoramos.

¿Cómo podemos resolver esta estrategia de preocupación tan dañina? Integrando algo importante y que para mí es tan lógico como sabio: cambiando la preocupación por confianza. Porque si algo realmente nos importa entonces se merece toda nuestra confianza, no el miedo, estrés y falta de amor que la preocupación conlleva.

La preocupación requiere de mucha mente, de pensamientos atemorizantes, dolor de cabeza y desgaste de energía. La confianza brota del corazón, aunque utilicemos la mente para recordarnos que debemos de confiar. La confianza no desgasta, te llena y te libera. Y no sólo te afecta a ti. Cuando confías en otras personas las ayudas a empoderarse y eso te hace aún más grande el corazón.

Recuerdo cuando me mudé a mi nueva casa, lejos de mis amistades, de mi familia, a una ciudad donde no conocía a nadie. Hubo gente de mi entorno que me decía que si no estaba preocupada por si pudiera pasarme algo o que alguien se aprovechara de mí. Ni siquiera di respuesta a ese tipo de comentarios preocupantes.

La vida me ha vuelto a demostrar en esta nueva etapa de mi vida que la confianza destruye todos los miedos y las personas que he conocido hasta ahora son bellas almas. Esta misma mañana tocaba a mi timbre mi vecina de arriba, una mujer belga encantadora que me ha llevado a ver rutas preciosas del lugar; me había preparado un puré de zanahoria para que lo probase. O mi vecina de al lado, argentina y con una energía increíble que el día de mi cumpleaños me preparó un café delicioso y me regaló una nueva planta para mi apartamento. Seguiría contando anécdotas…Y sé que al encontrarme con personas maravillosas como ellas la vida solo me expresa que puedo confiar y soltar.

Lo mismo nos sucede con el dolor. Tememos que algo nos duela y nos preocupamos en cuanto nos sentimos tristes, rotos, confundidos, perdidos…nos olvidamos de que tenemos la capacidad de sentir cada emoción o sentimiento y descubrir cualidades ocultas y mensajes de sabiduría que se expresan en todas nuestras emociones. Nos preocupamos si tenemos ganas de llorar o si nuestro pecho nos comprime, y enseguida buscamos maneras de controlarlo para que no salga. No hay nada más pesado que un corazón prieto por los sentimientos no liberados. Nada te hace ser más desconfiado que el dolor no enfrentado. Y cuanto más desconfianza, más preocupación. Y sé de lo que hablo.

Una de mis últimas experiencias en este paraíso ha sido sentirme rota por un momento. Podía haberme escapado de ello pero no, no quiero un corazón prieto, quiero un corazón completo, libre y sano. Me recordé que podía confiar en mí, que tengo la capacidad para sentir cualquier cosa que se presente dentro y fuera de mí. Así que en vez de preocuparme y buscar soluciones externas y pasajeras, me senté a sentirme completa e intensamente. No hay acto más grande de amor que podamos hacer por nosotros mismos que atendernos, escucharnos y sentirnos cuando se presentan esos momentos y la calma, sabiduría, libertad y completud que sientes después es increíble. Recuperas tu poder emocional, te cargas de energía, la confianza crece, el amor sale a la superficie y, en mi caso, tus alas se hacen más grandes para seguir creciendo, evolucionando, descubriendo…comprendes profundamente quién eres en realidad.

Sólo por hoy hazlo; cambia la preocupación por confianza. Y luego…repite.

Con Amor;

Rebeca BenLuz

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