No tienes miedo a la muerte. ¡Lo que tienes es ganas de vivir!

Existen miedos aparentes y superficiales que esconden miedos profundos. A esos miedos profundos son a los que hay que comprender y afrontarles.

La muerte ha sido un tema tabú en nuestra sociedad por lo mal comprendido y mal enseñado que ha sido este concepto.

No puedo hablarte de mi muerte porque estoy viva, o así me siento: viva en todas mis formas. Pero sí que puedo hablarte de ello desde mi experiencia con la pérdida.

Mi madre murió cuando yo tenía 25 años y fue una experiencia que me enseñó y aportó mucho a lo largo de mi vida.

Como nos pasa a casi todos, y a ti seguro que te pasará, yo tuve mucho miedo a la muerte, o eso creía, y la evitaba a toda costa protegiéndome continuamente y estando en un estado de alerta y supervivencia que me generaba bastante estrés. ¿Crees que era consciente de mi manera de vivir entonces? Pues no, no sabía que todo lo que hacía y cómo vivía era motivado por ese miedo a morir porque para mí, y seguro que para ti también, morir significaba dejar de existir. Sin embargo, ese significado que yo le daba a la muerte era erróneo. En realidad ni sé lo que es morirse ni lo que pasará una vez que dejé de respirar cuando llegue el momento.

Como no podía hacer nada para saber lo que era la muerte en realidad, a no ser que la experimente y a día de hoy no es el caso, y como suelo decir a los alumnos: «no sé que hay después de la muerte, pero el día que me llegue la hora vendré a contároslo…jajajajajaja»,  lo único que pude hacer era afrontar el miedo que tenía a morir, es decir, ponerme enfrente de ese miedo para comprenderle.

Cual fue mi sorpresa que cuando me puse delante de ese miedo me di cuenta de que era un miedo aparente y superficial que escondía mi verdadero miedo: el miedo a no vivir plenamente la vida e irme de este mundo sin haber vivido feliz, en armonía y equilibrio haciendo lo que quería hacer.

En ese momento me comprendí. Comprendí realmente mi miedo y le di una solución, le afronté: me comprometí a vivir plenamente la vida, a encontrar mi manera de ser feliz, trabajar en mi armonía y en mi equilibrio; porque no sé cuándo moriré, pero si que sé como quiero vivir antes de morir y sentir que muero a gusto.

Y me topé con otra cuestión: ¿qué era vivir plenamente? Y ante esa pregunta también me di cuenta de que no sabía vivir. Uno no sabe qué es la muerte y la teme, y uno no sabe cómo vivir y teme a la vida. Ante la incertidumbre, miedo. Pero ese movimiento de afrontar como hice al miedo a la muerte lo hice también con el miedo a no saber cómo vivir o, sencillamente vivir.

¿Cómo aprende uno a montar en bici? Montando en bici. Pues lo mismo es con la vida. Uno aprende a vivir viviendo. Y aprender a vivir plenamente es viviendo todo plenamente.

El dolor, la alegría, la incertidumbre, la ilusión, la calma, las tempestades, la brisa, el sol, el cariño, los abrazos, el abandono, el rechazo, la aceptación, las caricias…Sentir todo eso plenamente es estar vivo plenamente. Experimentar los sentidos, las emociones, los pensamientos; cada cosa que se da en el instante presente, sea algo externo o interno, sin resistirse, sin querer evitarlo, sin huir, sin luchar, sólo abierto a la experiencia. Eso es vivir plenamente.

Porque cuando te abres a vivir todo plenamente, tan intenso como se está dando, comprendes; Y donde hay comprensión, hay sabiduría. Vivir plenamente te hace más sabio y, sobre todo, desvanece los miedos.

La meditación y el mindfulness me ayudaron en este «vivir plenamente» con atención plena.

Y si en algún momento sientes ganas de morir, como me pasó a mí y a casi todo el mundo, pregúntate qué es lo que no quieres sentir o vivir plenamente en ese momento. No buscamos morir, en realidad ¡tenemos unas ganas de vivir enormes!, sólo que intentamos huir de lo que sentimos y buscamos cómo acabar con ello. Pero aquello con lo que estamos intentando acabar sólo nos está pidiendo nuestra atención y comprensión; ser sentido plenamente.

Pero sentir no es lo mismo que pensar sobre lo que siento. Sentir dolor no es pensarte dolorido. Para esto es muy importante reconectar contigo mismo, con tus emociones y desapegarte del ruido mental.

Aquí te comparto un trocito de nuestra clase online de mindfulness y desarrollo personal donde verás un ejemplo sobre ello y que podrá ayudarte en tu camino hacia «el vivir una vida plena«.

Con Amor;

Rebeca BenLuz

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