LA LIBERTAD DE SER TÚ

Que la gente no cambia es algo que, hasta cierto punto, no es cierta.

Digo que hasta cierto punto porque si algo he vivido en mí es precisamente el cambio antecedido por la decisión de cambiar y sumergirme en ello con compromiso. El cambio entonces sí se da, pero no todo el mundo quiere cambiar.

Queremos cambiar nuestra vida sin ser conscientes de que de la vida, entendiendo ésta por el mundo y circunstancias que nos rodea, no necesita ser cambiada. Los que necesitamos cambiar somos nosotros, y aquí comienza entonces las resistencias y los «ya no quiero».

Preferimos que sea lo de fuera lo que cambie e incluso, creemos con verdadera ignorancia que es más fácil que cambie nuestro entorno, los demás y nuestras situaciones que tener que cambiar nosotros.

Lo de fuera lo vivimos como algo que nada tiene que ver con nosotros. Así es como el cambio no se produce y llegamos a ese punto de que la gente «no cambia».

Más bien diría que la gente sí quiere cambiar lo de fuera, pero no quieren transformarse a sí mismos para ello.

Cualquier circunstancia que se mantiene en nuestra vida no es más que una reflejo de lo que urge transformar en nosotros, y un cambio verdadero sólo viene de dos actitudes y acciones internas:

  • La responsabilidad
  • El crecimiento

Sin estos dos elementos, el cambio no se da.

¿Y qué es la responsabilidad? La responsabilidad no es lo que entendemos socialmente y que tan arraigado tenemos en nuestras mentes inconscientes. Vamos en piloto automático «atendiendo» responsabilidades, esas cositas que hemos asimilado como obligaciones y que nos mantienen distraídos de lo importante.

Nos creemos responsables porque todos los días vamos a trabajar y no faltamos ni un día (obligación); porque atendemos a nuestras familias (incluso cuando no nos lo piden), nuestra casa… como una obligación más. Nos creemos responsables cuando asumimos los actos mediante la utilización de la culpa. Sentirse culpable no es sentirse responsable. Y a sí seguiría en un sin fin de «responsabilidades» que creemos nos convierten en personas muy responsables.

Al contrario de lo mencionado, la responsabilidad verdadera no se basa en tareas o comportamientos externos.

La verdadera responsabilidad se basa en la atención de uno mismo.

En responsabilizarse de lo que se siente, de nuestras propias emociones y sentimientos; de nuestros pensamientos, de nuestras interpretaciones y juicios; de nuestro cuerpo y nuestras necesidades; de nuestros anhelos y sueños; responsabilizarnos de nuestra infelicidad e insatisfacción.

Hacernos responsables con nosotros mismos para conocernos, ocuparnos de saber qué y quién eres y qué no eres. Atender nuestro alma y dejar de deambular en nuestra mente del pasado al futuro y del futuro al pasado.

Ser responsables con nuestra inconsciencia, conocer nuestras sombras y nuestras carencias, nuestras heridas más profundas y nuestros miedos no investigados.

Vivimos desde la irresponsabilidad y sin responsabilidad en lo más importante, tú mismo, no se da ningún cambio. Si tú no te transformas, lo que te rodea tampoco lo hará. Todo está unido y esa idea de separación que mantienes no te deja experimentar la libertad que tanto buscas sentir.

Cuando uno comienza a responsabilizarse de sí mismo, recupera su poder emocional, su poder mental, su poder de crear…SU PODER PERSONAL desde un sentimiento de unidad y no de separación.

Recuperamos el poder emocional de permitirnos sentir lo que sentimos sin miedo, desde el amor y la atención que nos merecemos con nosotros mismos. De esa manera ninguna emoción tiene la capacidad de desbordarnos, pero sí de transformarnos. Nadie ni nada tendrá el poder de trastocar nuestras emociones, pues siempre podemos hacernos cargo de ellas sin depender de nadie ni de nada más.

No buscamos cambiar las situaciones o a las personas, lo que buscamos es cambiar lo que sentimos en esas circunstancias o con esas personas, y eso que se siente si puede transformarse con nuestra atención consciente y amorosa. La lucha de cambiar lo de fuera que tanto nos agota, termina ante la responsabilidad de atender lo que sientes tú mismo.

Recuperamos nuestro poder mental cuando atendemos nuestros pensamientos sin intención ninguna. Escuchamos esa voces (voces) de nuestra cabeza entendiendo que sólo son pensamientos, y que podemos observarlos sin más, como meras opiniones que pasan a las que podemos cuestionar, e indagar cómo nos hacen sentir. Entones te darás cuenta que no son nada, que tú no eres tus pensamientos y que puedes elegir a cada instante cómo pensar de una manera más creativa y beneficiosa. No se trata de cambiar un pensamiento por otro, se trata de soltar todo lo que no te sirve, de soltar esos pensamientos que te generan malestar y crear tu nueva manera de pensar acorde a lo que anhelas, acorde a lo que eres en verdad. Es entonces cuando recuperas tu poder creador. 

Atiendes tu oscuridad con el amor de tu consciencia, porque la oscuridad necesita luz, y tú eres esa luz. Poner consciencia a tus profundidades es traerlas a la luz para que dejen de manipularte.

Responsabilizarte de todo esto es un camino de crecimiento.

Creces, evolucionas en consciencia y el resultado no es otro que la libertad de ser quien eres en realidad. 

Creces emocionalmente, creces en conciencia, creces espiritualmente, recuerdas quién y qué eres.

Ya no vives bajo el mandato de la mente pensante, de tu ego. Ya no vives arrastrado por tus emociones. Ya no vives desde tus miedos y tus viejas heridas, ni desde tus sombras. Libre de todos estos condicionamientos, comienzas a vivir plenamente, creciendo cada vez más y con más rapidez.

El crecimiento trae sabiduría, ese saber que surge de experimentar qué eres, de reconocer tu verdadero poder interior, sentir la libertad verdadera, esa que sólo surge de la responsabilidad de soltar todo lo que te condiciona y del crecimiento  que experimentas cuando empiezas a soltar.

¿Cómo lo puedes hacer?

Te digo lo que a mi mas me ha ayudado:

  • Medita y practica mindfulness. El momento presente es la puerta de entrada. Yo la meditación que más practico es la contemplativa (vipassana). Es la que mejor resultados me dio.
  • Trabaja con tus emociones a través de la atención plena. Aprende a sentarte a sentirlas.
  • Trabaja con tu niño interior. Revisa sus carencias y sus heridas, pues las arrastramos en nuestra adultez y hasta que ese niño no está atendido, viviremos desde la mentalidad de escasez y repetiremos patrones emocionales y situacionales.
  • Revisa tus creencias y cuestiona de dónde vienen y en qué te limitan. Conoce a fondo tu ego (consciente e inconsciente).
  • Conecta con tu YO Superior, o ESENCIA. Es lo que tú eres en verdad y la sabiduría está ahí. Verás como se desarrolla tu intuición y comienzas a vivir desde La Paz mental e interior.
  • Implícate en tu espiritualidad.

Si necesitas ayuda con este camino, yo te ayudo y te acompaño.

En el curso de Desarrollo Transpersonal y Coaching Holístico trabajamos juntos y con profundidad todos los puntos que te he detallado. 

Te dejo abajo más información por si te interesa hacer este trabajo de transformación plena.

Nos vemos en el siguiente post!

Gracias por estar ahí!

Con amor;

Rebeca BenLuz