¿Cómo vivo la incertidumbre?

Consideramos la incertidumbre como el peor de todos los males hasta que la realidad nos demuestra lo contrario.

¿Toleramos la incertidumbre?

Si nos paramos a reflexionar con sinceridad nos daremos cuenta de que respecto al futuro no sabemos nada con certeza. Sin embargo, nos movemos desde un estado mental a modo «resolvedor de cosas». Como si la vida hubiera que resolverla a cada momento, corriendo de un lado para el otro para intentar controlar y tener la respuesta a todo antes de que suceda.

Esto me recuerda a las clases en las que cuando facilito una herramienta, algún participante siempre me dice: «si, lo entiendo, lo hago y ¿luego qué?»

Pues luego no se sabe. ¡Yo no lo sé!

Queremos saber antes de experimentar, cuando el saber sólo viene tras la experiencia, y no al revés.

Tenemos una gran necesidad de saber antes de experimentar, tener la certeza de que las cosas salgan como nosotros queremos, sentir una seguridad que no tenemos.

Sí; esa necesidad de saber, de controlar, de resolver, nace de una inseguridad que no hemos atendido en nosotros, ni siquiera sabemos que existe. Querer sentir seguridad en un mundo cambiante, donde la ley de la impermanencia rige con rigor, es de locos. Pero sí podemos sentirnos seguros aceptando un mundo cambiante. Nosotros mismos cambiamos a lo largo de los años, de los meses, de los días, incluso de las horas.

La desconfianza en nosotros mismos, en nuestras cualidades y capacidades, en la vida, en el mundo, en los demás, hace que nos sintamos inseguros y desprotegidos. Entonces no queda otro remedio que controlar, controlar todo lo posible a pesar de generarnos estrés, inquietud y sufrimiento. Porque cuanto más queremos controlar la vida, más nos descontrolamos nosotros internamente. Esta es otra de las incoherencias que vivimos.

Querer controlar la vida no tiene ningún sentido, pero lo hacemos y lo intentamos a pesar de ver una y otra vez que la certeza no existe, y aún así seguimos sin querer verlo con total sinceridad.

La intolerancia a la incertidumbre genera mucha angustia e inquietud. La mente tiende a ponerse en lo peor en vez de en la verdad. Y ¿cuál es esa verdad? pues que no sabe.

No sabemos nada, pero hacemos como que sabemos, nos comportamos como que sabemos, desplegamos nuestras alas de control para decirle a la vida que sabemos más que ella. Y así nos va.

El miedo a la incertidumbre tampoco es aceptado, y para paliarle volvemos a tirar del control. Y de tanto querer controlar nos hemos descontrolado, sólo hay que mirarnos…

Tenemos incluso miedo de soltar el control, creyendo que tal vez perdamos con ello algo importante, y ¿qué perdemos? tal vez la cabeza…pero, nos hemos visto cómo estamos ahora, ¿podemos perderla más aún? Si seguimos rechazando que no sabemos y continuamos esforzándonos por controlar, claro que la perderemos aún más.

De la aceptación a la incertidumbre nace la creatividad. No hay nada nuevo que aprender cuando vivimos desde la búsqueda de la certeza. La certeza en nuestra mente es pasado, no hay nada nuevo en el pasado, sólo una ilusión de aparente seguridad por lo conocido.

La aceptación de la incertidumbre es reconocer que no sabemos, que no tenemos respuestas para todo y cuestionarnos si la vida necesita ser resuelta, porque tal vez no haya que resolver nada y sí atender nuestra vida.

Resolver y atender no tienen nada que ver. Resolver nos lleva a estar continuamente en el futuro, con referencia respecto al pasado. Resolver nos lleva a controlar, a rechazar lo que sentimos, a no experimentar el presente, a querer que las cosas sean como queremos y no como necesitamos.

¿Sabemos qué es lo que necesitamos en realidad? NO.

¿Podemos pararnos a experimentar la incertidumbre, el no saber? ¿Podemos pararnos a atender nuestras inseguridades y nuestros miedos? ¿Podemos a pararnos a aceptar que no sabemos? Porque esto es atender.

Poder, podemos. Y es ahí donde comenzamos atender lo importante, no a resolverlo. NO hay que resolver la inseguridad, hay que sentirla y atenderla. No hay que resolver la incertidumbre , hay que sentirla y atenderla. No hay que resolver los miedos con reacciones de control, hay que sentirles y atenderles. 

Si aprendemos a hacernos amigos de la incertidumbre, a aceptarla porque sencillamente está ahí, nos guste o no. Si nos abrimos a nuestra ignorancia respetando que no sabemos nada en realidad, entonces estaremos dispuestos a aprender y soltar ese control que tanto desequilibrio nos está originando.

Cuanto más rechazamos la incertidumbre, más grandes son nuestros miedos, y cuanto más grandes y numerosos son nuestros miedos, más vamos a querer controlar. Y cuanto más queremos controlar, más perdemos nuestra cabeza.

Tolerar la incertidumbre es tolerarnos a nosotros mismos.

Y la incertidumbre como parte de la vida que es, necesita ser aceptada, no resuelta. ¿Aún crees que la vida debe de ser resuelta? ¿Aún crees que a la vida hay que decirle cómo tiene que ser? La vida no es algo que suceda fuera de ti, sino que sucede en ti. Mientras sigamos creyendo que es algo externo que tiene que ser rechazado y resuelto porque es imperfecta, seguiremos rechazándonos a nosotros mismos, sintiendo que tenemos que ser resueltos, sintiéndonos imperfectos.

Si toleras la incertidumbre te estarás tolerando a ti tal y como eres y estás en este momento. 

Con Amor;

Rebeca BenLuz

(Este esquema puede ayudarte a entender mejor este artículo)