La libertad de ser tú

Somos adultos en pañales

Esta mañana, tras una larga conversación con una de las alumnas del curso nos reíamos de muchas de las reacciones infantiles que aún mantenemos en nuestra edad adulta.

Bien cierto es que cuando uno se para y se atreve a mirarse profundamente es capaz de darse cuenta del infantilismo que arrastramos y con el que nos comportamos los adultos en el día a día. Pero esta parada conlleva un golpe, un «zas» que parece difícil de creer cuando hasta ahora hemos estado presumiendo de madurez y criticando a otros por su niñería.

Nos creemos personas adultas, maduras y responsables, una ilusión que cae en picado en el momento en el que sientes que en tu vida algo no va bien. La madurez no debería conllevar sufrimiento, ni situaciones repetitivas, ni angustia, ni sensación de soledad, ni miedo, entre otras muchas cosas.

Algo que en esta sociedad se comparte es la idea de que uno es adulto porque ha experimentado mucho por su edad y eso le hace más sabio y experimentado. Más allá de la realidad, lo que llamamos sabiduría no viene por los años, sino por otras cuestiones mucho más importantes, principalmente por la consciencia, de la cual sabemos muy poquito ya que vivimos en un panorama social «adulto» bastante inconsciente.

Vivimos como niños que corretean de un lado para el otro, como pollos sin cabeza, asustados, ansiosos y hambrientos de amor, de comprensión y de atención, pidiendo auxilio, reclamando, exigiendo entre pataletas y cabezonería.

Nos adaptamos a lo que nos piden los demás para ser aceptados, como ese pequeño que hace el tonto porque a mamá y a papá les hace gracia y lo interpreta como una expresión de que le quieren. Si deja de hacer tonterías, deja de recibir amor, si hace demasiadas tonterías, también le retiran la atención. Y así nos vamos haciendo, temerosos del rechazo tiramos de nuestras antiguas estrategias infantiles y absurdas. Estrategias que sólo buscan aceptación y que cubren nuestros miedos más profundos, miedos de la niñez que aún actúan a través de nosotros en nuestro presente.

Si nos dicen «no», nuestra frustración estalla, nos sentimos heridos y rechazados. Si algo no sale como queremos, nos enfurecemos y pataleamos, creyendo que así conseguiremos lo que queremos, llegando incluso a enfadarnos con nosotros mismos. Si nos piden algo que no queremos hacer, lo hacemos, no sea que al otro le siente mal y nos deje de querer, cómo cuando a los cinco años ponías la mesa porque sino mamá se enfadaba, y a tus mayores nunca debes decirles que no…»Haz caso a tus mayores…» y de ahí no te has salido.

Arrastramos la culpabilidad, esa «herramienta» de manipulación que tanto han usado con nosotros para que fuéramos de esta o de aquella manera, para comportarnos así o asá y que aprendida con esmero, seguimos utilizando. Sí, aprendimos a utilizarla y hoy es nuestra forma de salirnos con la nuestra, haciendo sentirse culpables a los demás cuando no son como queremos que sean. En realidad, no la usamos sino que ella nos usa a nosotros porque a día de hoy no nos hemos parado a mirarla de frente, sobre todo cuando nos sentimos culpables.

Como niños, seguimos deseando lo de afuera. Todas las fuentes de amor, de comprensión, de atención, de importancia, de todo aquello que creemos necesitar las seguimos colocando afuera. Todas nuestras necesidades no cubiertas en la niñez, siguen aquí hoy con nosotros, y continuamos reaccionando como entonces ante la sensación de carencia de las mismas. Nada ha cambiado interiormente, nada a cambiado emocionalmente. Somos los mismos, no hemos crecido. Aún seguimos con las mismas heridas, las mismas necesidades, las mismas carencias y las mismas reacciones infantiles, ignorantes de donde se encuentra la verdadera fuente que puede llenarnos ilimitadamente.

Aún responsabilizamos al otro de darnos lo que no sabemos darnos, aún buscamos afuera lo que no paramos a encontrar dentro. Somos muy vagos, como los niños. Somos rebeldes con nosotros mismos, como el adolescente que no quiere crecer, y así seguimos inconscientes viviendo la misma vida una y otra vez. Más inteligentes pero menos sabios. Con más responsabilidades externas, pero a manos de un adulto emocionalmente inmaduro que no sabe atenderse a él primero.

Revisar y reconocer todo esto en nosotros nos ayuda a crecer y salir del infantilismo inconsciente. Nos empuja a nuestra fuente esencial, aquella que nos da todo lo que necesitamos, incluida la sabiduría.  Este proceso nos transforma y sentimos la plenitud que no alcanzábamos, digna de una vida madura, consciente y adulta.

No, la madurez no la dan los años, la da la Conciencia. Mientras tanto, el mundo seguirá lleno de adultos en pañales.

 

Con amor;

Rebeca BenLuz

 

El autorespeto como ingrediente de la autoestima

Tiene sentido decir que el respeto que sentimos por nosotros mismos es un ingrediente esencial para nuestra autoestima, entendiendo ésta como la estima que me tengo como ser valioso que soy.

La cuestión es si realmente nos respetamos: si respetamos nuestras decisiones llevándolas a cabo a pesar de que las cosas no salgan como esperásemos. Si respetamos nuestros intereses, nuestros gustos, nuestras opiniones, nuestra manera de estar en el mundo. Si respetamos nuestras alegrías y tristezas, nuestros peores momentos y nuestros logros. Si respetamos nuestra vida tal y como es, si respetamos nuestros sueños, nuestras necesidades, nuestra oscuridad y nuestra luz.

Si nos respetamos a pesar de las equivocaciones, si respetamos nuestras emociones, nuestras sensaciones, nuestro anhelo por la paz interior, nuestras historias…si respetamos aquello que no somos y lo que somos.

Si respetamos nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras sensaciones. Si respetamos nuestra intuición, nuestras preferencias y nuestros valores.

¿Respetamos todas esas cosas? Porque haciendo un breve vistazo de cada una de ellas nos daremos cuenta de si ese ingrediente esencial de respeto forma parte de nuestro día a día; en cada acción, en cada encuentro, en cada pensamiento…

El valor que nos damos, la estima que nos tenemos se manifiesta en el nivel de respeto con el que nos tratamos.

En realidad, y lejos de como nos gustaría que fuera, llevamos una vida falta de respeto hacia nosotros mismos, y por ende, hacia los demás. Nos fusilamos con faltas de respeto en nuestros diálogos internos, sin prestar la mínima atención de cómo nos dirigimos a nosotros mismos con cada pensamiento. Rechazamos cualquier sentimiento que se aleje de la alegría, faltando al respeto nuestras necesidades más profundas: nuestra necesidad de comprensión y compasión. No comportarnos de manera comprensiva y compasiva hacia nosotros, es una falta de respeto que nos resta valor y amor propios.

Tampoco respetamos nuestra propia tendencia a la evolución, esa gran necesidad de crecer y desarrollar nuestros verdaderos potenciales. Lo pasamos por alto ignorando quiénes somos. ¿Existe una manera más impactante de falta de respeto que ignorar a quien tienes enfrente? Eso hacemos con nosotros, ignorarnos, pasar de largo y distraernos en cuestiones, al fin y al cabo, poco importantes respecto a lo que realmente importa: TU.

Nos quejamos de la falta de respeto de los demás, sin caer en la cuenta de que no son más que reflejos de un espejo que nos señala nuestra propia falta de respeto. Por eso es que nos duele tanto cuando los demás no nos respetan y no nos tienen en cuenta; porque la falta de respeto por uno mismo duele profundamente, porque no tenerse en cuenta a uno mismo e ignorarse conlleva sufrimiento. Ese espejo nos lo muestra continuamente, muestra nuestro dolor por el abandono hacia nosotros mismos que a penas reconocemos, porque claro, duele.

Sin embargo, todo es una decisión. La solución es decisión.

La decisión de respetarnos, de parar a mirarnos a solas, de parar a mirarnos a través de los otros y empezar a atender todas nuestras faltas de respeto a pesar del dolor. Uno puede sentir ese dolor al atenderse, pero también puede respetarlo porque es suyo. Respetar lo que sientes ante lo que ves de ti, aceptando lo que es, tal cual. Entonces te estás respetando en la tristeza, te estás aceptando sin condiciones y, en último término, te estarás amando tal como eres en ese instante.

La decisión de conocerte para poder respetarte, pues no se puede respetar aquello que no se conoce.

Cualquier momento es bueno para empezar hacerlo, sin embargo sólo hay uno: este momento. El respeto nace en el presente, no puede nacer en ningún otro lugar porque nace en ti, y tú sólo eres en este instante.

Re-conócete y trabaja el respeto. El amor ya está ahí para hacer todo lo demás.

 

Con amor;

Rebeca BenLuz

 

Sintiendo la energía de la emoción

Cuando sufrimos, dentro de nosotros se despliegan dos contenidos: un contenido mental y un contenido emocional. Ambos creemos que están separados porque la experiencia de la emoción nos nubla y no somos conscientes de la historia que nos estamos contando en nuestra mente y que mantiene el sufrimiento.

Cuando estamos sintiendo una emoción tendemos a maquillarla sin profundizar en ella, normalmente porque enseguida nos juzgamos por lo que sentimos.

Cada día podemos permitirnos sentir lo que sentimos, sin más. Pararnos a descubrir lo que hay: sensaciones, emociones o sentimientos, sin intentar rechazarlo o “ponerle solución”. Tenemos la manía “poco saludable” de intentar resolver nuestras emociones…como si la mente supiera cómo hacerlo…y no, no lo sabe. Una emoción, sentimiento os sensación es para ser sentida, no pensada o explicada. Recuérdalo siempre: “No hay nada que resolver”. Sólo siente la energía de la emoción.

Normalmente las sensaciones de nuestras emociones o sentimientos las solemos localizar en la garganta, el pecho, la boca del estómago o el vientre. Presta atención a las sensaciones que ahí se dan, e incluso puedes observar qué partes de tu cuerpo se encuentran en tensión.

Escucha también la “voz” de tu sufrimiento, y esto sólo lo puedes hacer si te quedas ahí parado, descubriendo, no saliéndote de la sensación y metiéndote en la mente a explicar qué pasa, por qué…y la rumiación que te lleva a añadir más sufrimiento mental. Profundiza y húndete en la sensación. Deja que hable.

La única manera de trascender el sufrimiento es vivirlo en su totalidad.

Una técnica que yo solía utilizar cuando decidí sentir todo tal y como se daba, era la de escribir lo que venía a mi cabeza en los momentos de dolor, en los que sentía intensa la emoción. Era una manera de no dejar todo ahí en mi cabeza y dejar que la emoción hablara. También me hizo ser consciente de la historia que me contaba a mayores, haciendo crecer el sufrimiento en un circulo vicioso de emoción-pensamiento-emoción-pensamiento. De esta manera al verlo delante de mi por escrito, la historia se relajaba y podía despejar las nubes que me evitaban de sentir la emoción tal y como se daba. Veía la historia que el sufrimiento se contaba y cómo, mediante esa historia, el sufrimiento se mantenía.

Sentir la energía de la emoción es revelador, pues cada vez observas más y más que sólo son sensaciones, nada más.

Estás vivo y sientes. Das las gracias por poder sentir de esa manera tan profunda y también por todo lo que descubres de ti, de tu origen.
No nos damos cuenta de la importancia de sentir. Para mi sentir es vivir, es experimentar la vida, dejar que la vida se manifieste a través de mi.

Tendemos a rechazar lo que sentimos, y cuando hacemos esto nos estamos evitando a nosotros mismos. Eso, desde luego, no es un acto de amor hacia nosotros, sino un acto de irresponsabilidad y abandono hacia nosotros.

Comienza a practicar tu sentir. Descubre la energía de tus emociones. Y luego ya, me cuentas…

Pitágoras: Un espíritu vasto y lúcido

La mayoría de las personas conocen el nombre de Pitágoras por sus matemáticas, pero pocos son los que conocen en realidad su trabajo transcendental.

Hace poco pude leer un libro llamado “Sentencias y versos de oro, Pitágoras” que me llevó a la reflexión y la armonía en cada una de sus páginas.
Quisiera compartir aquí lo que fue más resonante para mí.

  • “El hombre – decían- es un pequeño mundo (microcosmos): Posee un cuerpo físico, como el universo posee una naturaleza física; tiene vida y fuerza, como el universo tiene sus energías y su movimiento; experimenta emociones que se pueden comparar en la Naturaleza a los fenómenos metereólogicos; tiene una razón, que equivale a la providencia maternal de la Naturaleza; en fin, el hombre aspira a la sabiduría, a al armonía, a la felicidad y a la justicia, y esta noble facultad es el reflejo humanizado de estas supremas Leyes que rigen la evolución universal”
    • Predicaban a sus alumnos la fraternidad, la tolerancia y la razón: “Perdonemos con anticipación a los que tengan la intención de ultrajarnos. El hombre iluminado experimenta resentimiento contra el bastón del ciego que le pega”
    • “Dios es todo armonía y el fin supremo del hombre es imitar a Dios”
    • “Observa todo. No expliques nada”
    • “Los hombres atraen voluntariamente sus males, y pos su propia elección”
    • Déjate siempre guiar y conducir por el conocimiento que viene de arriba y que debe tener las riendas”
    • “no hagas ninguna cosa que no sepas, pero aprende todo lo que es preciso saber, y por ese medio llevarás una vida dichosa”
    • “La Naturaleza nos descubre los misterios más ocultos”
    • “¿En qué consiste la dicha? En estar de acuerdo consigo mismo”

Espero que os gusten tanto como a mí.

El encuentro con la vida

“La experiencia y el Encuentro, bases del saber verdadero

Este fin de semana tuve el gran regalo de asistir a un congreso en Huesca donde varios maestros de Vida (que lo somos todos), nos dieron la oportunidad de abrirnos a lo que somos, si es que vas dispuesto a ello.

En este vídeo-post quiero compartiros lo que fue mi experiencia conmigo misma a través de los demás, a través de ese Encuentro, y lo pongo en mayúsculas porque creo que es una palabra que en esencia ya tiene todo lo fundamental. Lo demás son adornos y nos sobra.

Encuentro es lo único que necesitamos: con nosotros mismos, con los demás, con el presente… En el Encuentro se encuentra Todo. Así de simple, y a la vez lo que más parece que nos cuesta a los seres humanos.

Antes de que entre al vídeo, también me gustaría poderte escribir aquello que me llegó. Cuando digo me “llegó” no quiere decir que me pareciese bonito o convincente, sino que me transformó e hizo despertar mi corazón, paseármelo por todo el cuerpo, célula a célula, recordando lo que no sabía que sabía y que aún me hizo más consciente de mí, de la vida y de lo que en esencia somos. Parecerán meras frases, no lo son.

Cuando uno se entrega a la atención sostenida, con plena concentración, permitiendo al presente manifestarse, sin más, abriendo los sentidos y apagando la mente racional, vives el encuentro con las palabras y la presencia del otro, de uno mismo. Pero las palabras no son lo importante, sino lo que las sustentan.

Escuchar a los ponentes del congreso, no con los sentidos de la mente, sino con el sentido del Ser. Entonces la información se comparte en esencia.

 

 

Aquí te dejo la experiencia en palabras. Presta atención, concéntrate y olvídate de “ti” en este instante. Deja entrar a la Esencia de las palabras y que resuenen los ecos del Amor.

  • El juicio continuo impide que perdones. Es un obstáculo hacia el verdadero perdón. Intentamos perdonar con la mente, eso no es perdonar. Perdonar es una experiencia que el juicio no te permite experimentar.
  • Si eres consciente de la dualidad en la que estás sumergido, verás cuán alejado estás de tu centro, de tu equilibrio, de tu ser. Comprender la dualidad, parar y observar cómo funciona. No perdonas porque estás perdido en la dualidad, buscando respuestas a tus preguntas de manera mental.
  • El perdón es uno de los recursos que te llevan a la armonía. Si vas en pos de tu equilibrio, utiliza el perdón.
  • Tu presente es tu equilibrio. Sólo en el presente está la paz.
  • El equilibrio es la Conciencia, la Fuente, Dios, y es un punto que está en la línea dual de lo que crees que vives. Se encuentra en el presente.
  • No necesitas para nada de tu exterior para encontrar la Verdad.
  • Acepta lo que eres, acepta lo alejado que has estado de lo que eres. Acepta y perdonarás.
  • La Conciencia siempre es una expresión de Amor que se manifiesta a través de ti, de los demás, de todo lo que ves.
  • Cuánto más pendiente estas del exterior, más te alejas de lo que eres.
  • El dolor, tu sufrimiento, es una llamada a que vuelvas a casa, a que vuelvas a tu centro.
  • “Eres inocente. Sólo te habías olvidado de lo que Eres
  • Perdonar (te) es comprometerte con el presente. En el presente no existe el juicio.
  • Ríndete a lo que Eres, a lo Evidente.
  • No somos conciencia de dualidad, somos conciencia de Unidad.
  • Libérate a ti y a los demás del juicio al que te tienes sometido y del juicio al que tienes sometidos a los demás.
  • El Tao (Dios, Fuente…) se manifiesta a través de ti.
  • Permítete sentir. Permítete la experiencia de la tristeza, la ira…pues tu no eres ni la tristeza ni la ira. Acepta lo que estás sintiendo.
  • Sólo si te perdonas, eres libre.
  • El “yo” (ego) busca sentiré especial y mejor que los demás. Este “yo” no puede ser felicidad, pero TU eres Felicidad.
  • Comprensión es sabiduría. Es un sentir de comprensión. Existe otra manera de entender que no es mental, es transpersonal.
  • Todo lo que no depende de ti, no puede afectarte. Distingue aquello que depende de ti y lo que no depende de ti.
  • El camino espiritual lleva a la comprensión de que eres.
  • Todo sufrimiento parte de la mente no observada. Puedes vivir el dolor desde la presencia, entonces dejarás de llamarlo dolor.
  • Las crisis nos sacan de la distracción para despertar. Las crisis nos enseñan a soltar, a soltar todo, excepto lo que somos.
  • Vivir es aprender a soltar. Sólo soltando comprendo lo que Soy.
  • La actitud más sabia que podemos tomar es rendirnos a lo que es. Esto es aceptación completa.
  • La Vida nunca se equivoca. Dejar de resistirnos a la vida.
  • El guion de nuestro ego es que la vida tiene que responder a sus expectativas. Si un plan se te cae, es que lo tienes que soltar.
  • Reconoce que todo lo que te “ocurre” ya ha sido aceptado (aunque tu creas que no lo aceptas), pues está ocurriendo precisamente por eso, porque ya ha sido aceptado.
  • El camino de la sabiduría es un camino de aceptación. Acepta y confía en la sabiduría de la vida. Confiando desaparece la queja y el lamento. Cuando confías algo importante se transforma en tu existencia.
  • El “yo” es sólo una consecuencia de la Conciencia.
  • Donde no hay pensamiento, no hay “yo”, pero sigue habiendo Conciencia. La Conciencia es la que me contiene.
  • Somos presos de nuestros pensamientos y de nuestros hábitos.
  • Sólo hay dos cosas que no son hábitos: El Amor y la comprensión.
  • Cuando quitamos la toxicidad y los pensamientos, quedan el Amor y la comprensión.
  • La concentración es el primer peldaño para una correcta percepción.
  • El “yo” muere y nace con cada pensamiento.
  • La concentración es quitar al “yo” y dejar la Conciencia.
  • La Conciencia ya Conoce y Sabe, no hace falta un “yo” o sujeto que conozca.
  • La vacuidad interior es vacío mental.
  • Podemos convertir nuestros hábitos en habilidades.
  • El intento cansa mucho, porque lo que intentas es falso, es una expectativa.
  • Es muy doloroso existir en un instante y rechazarlo.
  • En el presente humano no sé nada. Implica siempre ignorancia. En esa ignorancia está la sabiduría.
  • Reconocer que no sabes es relacionarte con cada nuevo instante.
  • Lo que tu eres es lo que está siendo el universo todo el tiempo.
  • Cuando te paras a sentirte, dejas de luchar contra lo que es y te das cuenta de que no es tan grave.
  • Al sentir llegas a ti, a lo que eres y, entonces, empieza todo.
  • Cuando pedimos la atención de otras personas, es porque nos hemos dejado de prestar atención a nosotros mismos.
  • Primero experimento, luego siento y, por último, sé. Queremos saber antes de entregarnos a la experiencia.
  • Si te sientes acusado por alguien, hay una parte de ti que se está acusando.
  • La libertad no es algo que se tiene, es algo que se Es.
  • Cuando meditamos somos conscientes de nuestro caos. Cuando cerramos los ojos somos conscientes de lo que sobra, y cada vez vemos más cosas que sobran.
  • Tenemos miedo de un instante de puro Amor.
  • Escuchar las respuestas que da la Vida cuando no hay palabras.
  • Si estoy en paz, no hay nada ni nadie que pueda dañarme.
  • Todo lo que se aleja del amor es mente.
  • La meditación nos hace consciente lo inconsciente.
  • El deseo intenta cubrir una necesidad. La Voluntad es esa necesidad ya cubierta. Al ser consciente de nuestro deseo, éste se desvanece.
  • Cuando la mente está libre de deseo, la voluntad surge.
  • Lo importante no es lo que piensen los demás de mí, sino lo que yo piense de los demás.
  • Que tu único deseo sea la paz mental.

 

Espero que estas conclusiones (que son más profundas que lo que parecen escritas), puedan, como mínimo, llevarte a la reflexión, y si te despiertan el recuerdo en tu interior y te transforman como a mí, entonces has tenido un Encuentro.

Gracias y feliz semana, con todo mi amor.