AMARSE ES INTEGRARSE A UNO MISMO

Lo más curioso y paradójico es que precisamente cuando me acepto a mí mismo tal y como soy es cuando puedo cambiar.

– Carl Rogers-

Aunque en realidad tenemos la libertad a nuestro alcance, podemos pasarnos durante años atrapados en nuestros viejos programas, en esas pautas que nos hacen repetir una y otra vez las mismas situaciones, las mismas sensaciones, los mismos pensamientos…es como si estuvieras moviéndote en un círculo que por momentos parece avanzar ,y de repente te encuentras de nuevo en el punto de partida, otra vez en el mismo comienzo.

Vivimos encerrados en nuestra jaula de la autocrítica, de ansiedad, llenos de inquietud, de insatisfacción, de malestar e incompletud. Nos sentimos incapaces de acceder a la libertad y a La Paz interior que tanto anhelamos y a la que tenemos mucho derecho.

Derrochamos nuestras valiosas vidas, pero no podemos llegar a verlo conscientemente.

Un primer paso para salir de esta jaula es aceptarlo absolutamente todo de nosotros mismos y de nuestras vidas. Integrar todos nuestros aspectos, incluidos aquellos que no nos atrevemos a mirar. Abrazar nuestras vivencias de cada momento sin generar resistencia por lo que ya es.

Esto no significa que te guste esa situación que puedas tener delante, sino ser consciente de que ya está ocurriendo, y por lo tanto ya está aceptado por la vida. Si se está dando así, es que no se está dando de otra manera, ya está siendo y luchar contra ello es luchar contra la vida.

Repito, aceptar no tiene que ver con que te guste esa situación o ese aspecto de ti o de tu vida, tiene que ver con dejar de juzgarlo y pararte a experimentar lo que en ti ocurre. Aceptar que no te gusta y qué sientes en ese momento.

Creemos que debemos aceptar lo de fuera, sin embargo lo que es necesario es aceptar lo de dentro, es decir, atender lo que sentimos respecto a aquello que nos sucede. Ser conscientes de lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo y en nuestra mente en un momento dado, sin intentar controlarlo, juzgarlo o evitarlo.

Se trata de un proceso interior de aceptación de nuestra vivencia concreta en el momento presente. Sentir lo que sentimos, sea lástima o dolor sin resistencia, sin criticarnos a nosotros mismos.

Tampoco queremos asomarnos a nuestras sombras, a aquellas cosas que nos disgustan de nosotros, esas características personales que rechazamos ante los demás y ante nosotros mismos. Esa falta de aceptación, de lo que ya es en ti, nos separa de la libertad y de la completud. No podemos aceptar en nosotros unas cosas y otras no, eso no es amarse. 

Por eso es importante integrar cada aspecto de nosotros. Conocernos en profundidad e integrar cada parte, cada sombra, soltar la resistencia de mirarlo de frente, porque te guste o no, esa parte está en ti esperando a ser integrada para que dejes de rechazarte.

Si nos retraemos de alguna parte de nosotros o de nuestra vida, si nuestro corazón cierra el paso a alguna parte de lo que somos y de lo que sentimos, entonces fomentamos los miedos y los sentimientos de rechazo, lo que alimenta nuestra falta de valía personal y aumenta nuestras ganas de controlar lo de fuera y a los que nos rodean.

Vernos con claridad a nosotros mismos, sin juicios, es mirarnos con atención plena. Sin manipular nuestra vivencia, la atención plena hacia nosotros nos permita vernos tal y como somos, y ver la vida tal como es, para integrar todos los aspectos con aceptación.

Nada se puede aceptar e integrar si no vemos con claridad lo que tenemos que aceptar e integrar. La claridad va acompañada de esa compasión que nos permite relacionarnos con aquello que vemos desde la ternura y la solidaridad. Ser solidario y tierno con uno mismo, mirarnos con compasión, que no con pena, para abrirnos a cada uno de nuestros aspectos, abrazarlo y atenderlos sin crítica ni exigencia.

La integración nos permite ser quienes somos en nuestra totalidad; Conocernos profundamente y dejar surgir desde esa integración una transformación natural que se da sin hacer nada más.

El amor está ya ahí y lo usas cuando te aceptas, lo usas cuando integras, lo usas cuando atiendes cada aspecto de ti con compasión.

Para amarse a uno mismo no hay que cambiar, hay que integrar. Solemos usar un «amor condicionado» hacia nosotros: Esperamos a amarnos cuando seamos mejores o de otra manera. Y ese amor condicionado lo usamos con los demás. Eso no es amor. El amor es incondicional, te amas sin necesidad de tener que ser de otra manera, te amas y ya está. Pero antes tienes que dejar de exigirte ser de otra manera y aceptar e integrar todo de ti.

Sólo llegas a integrarte cuando te conoces. Sin ese viaje interior de autoconocimiento no hay aceptación e integración.

Afuera ya no hay nada, todo está dentro.

Con Amor;

Rebeca BenLuz